Hay un rasgo que identifica y define a la población mexicana y es su solidaridad, la cual brilla ante cualquier situación, por más difícil que parezca.

El ejemplo más reciente ocurrió la noche del 03 de mayo, instantes después de que una estructura elevada de la línea 12 del Metro de la Ciudad de México colapsara.

“Aguanten. Resistan tantito, vamos a buscar con qué sacarte”, fueron las palabras que escucharon quienes estaban atrapados en los vagones, reportaron medios nacionales.

La gente que estaba al rededor inmediatamente llamó a los cuerpos de emergencia, pero sobre todo corrió hacia el lugar a sacar a los heridos.

Esto sin pensar en el riesgo de un nuevo colapso o de la alta tensión que todavía circulaba por los cables del Metro.

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“Es lo menos que se puede hacer ante una tragedia”, afirmó Cristian Arroyo, uno de los primeros en llegar a la zona del desastre.

Saber que un grupo de personas estaba afuera tratando de ayudar y oír como se esforzaban por romper los vidrios y las puertas dio aliento de esperanza.

Con las víctimas hasta el final

De un lugar desconocido salieron las escaleras y uno a uno bajaron los heridos, incluso antes de que llegaran los cuerpos de rescate, lo que salvó la vida de más de uno.

Pero la labor no término la noche del 03 de mayo, continuaron por varias horas y los vecinos abandonaron sus hogares para seguir ayudar.

Aunque ya no podían acercarse, despejaron áreas, llevaron agua, café y pan a quienes seguían en la obra, pero también a quienes esperaban un milagro.

Muchos de los familiares de quienes iban a bordo pernoctaron esperando poder volver a abrazar a sus seres queridos.

Y aunque muchos no pudieron cumplir su anhelo, recibieron contención y apoyo de completos desconocidos, que movidos por un sentimiento innato, corrieron a ayudar.

¿De dónde nace el espíritu de solidaridad?

Nadie sabe exactamente de dónde nace, pero parece implícito en cada mexicano, un pueblo que ha sido golpeado por grandes tragedias.

El derrumbe de la Línea 12, seguramente hizo recordar a muchos el sismo de 1985 y los de 2017, cuando los puños de los ciudadanos se alzaron para pedir silencio.

Acción que nuevamente se repitió, y que como en otras ocasiones fue motivo de orgullo y esperanza.

“Se trata de poner un granito de arena para ayudar en lo que se pueda”, afirma Luis Hernández, vecino del lugar.

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