Expertos afirman que para que la economía mexicana tenga una reapertura saludable, es indispensable aplicar más pruebas de detección de COVID-19 y definir criterios para identificar cuales serán las regiones y actividades que retomarán la normalidad, clave para evitar un desastre.

Sin embargo, el gobierno de México se encuentra en los preparativos de un programa de apertura escalonada de actividades en el país a partir de junio, y que se incluyen a las industrias de la construcción, fabricación de equipos de transporte y minería entre los sectores considerados esenciales.

Por lo que el presidente Andrés Manuel López Obrador no se ha tomado muy en serio otros criterios validados mundialmente como la importancia de las pruebas de detección, por lo que dejarse llevar por voces discordantes, podrían afectar el proceso.

Alejandro Macías, infectólogo y responsable de la estrategia sanitaria durante la pandemia de influenza AH1N1 surgida en 2009, advierte que la reapertura “se puede hacer, lo que no se puede es abrir a ciegas porque va a haber un desastre”.

De acuerdo con las autoridades de Salud, existen al menos 300 municipios mexicanos, en los que se tiene registro de pocos o ningún caso de COVID-19, por lo que podrían reactivarse a partir del 17 de mayo.

Por lo que para el infectólogo, realizar pruebas en las localidades que reanuden actividades, o al menos entre los trabajadores de las fábricas o sectores implicados, hará una gran diferencia en un futuro para el país. Aunque asegura que no es nada barato, pero saldrá más caro no realizarlas.

Por otra parte, Hugo López Gatell, subsecretario de la Salud, ha enfatizado que México no necesita más pruebas para tomar políticas acertadas.

¿Entonces?

De las naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México es el país que menos exámenes para detectar el coronavirus ha realizado; 0,4 pruebas por cada mil habitantes, en comparación con los otros miembros de 22,9.

“Realizar más pruebas permite suprimir nuevos brotes y poder identificar personas que hayan desarrollado inmunidad y obtener información valiosa sobre la evolución de la epidemia”

Seguir argumentando lo costoso de los exámenes, menciona Macías, resultará “mucho más barato” que lo que estamos viviendo actualmente, ya que “cerrar toda la economía no es barato, sobre todo la economía formal que es la única que paga impuestos” y cerrar la economía mexicana – la segunda mayor de Latinoamérica- caería 7,1% este año, de acuerdo con el Banco de México.

Para tener una reapertura sana, es indispensable vigilar la capacidad hospitalaria, – especialmente las camas de terapia intensiva – y mantener estructuras sanitarias en ambientes laborales, afirma Macías.

Pero todo esto es tan preocupante, puesto que, existe una falta de criterios confiables para decidir qué actividades se reactivarán y el porqué, aunque ya sabemos que el gobierno se maneja por prioridades, y más si son las del presidente.

Durante la suspensión de toda actividad “no esencial”, el gobierno de AMLO mantuvo tres obras en operación: una refinería, el tren turístico y el aeropuerto en la capital.

De acuerdo con el analista económico, Macario Schettino, estas obras son de importante interés para el presidente ya que se consideraron esenciales cuando no existía alguna razón lógica para mantenerlo así. Por lo que “da la impresión de que el gobierno quiere ser el que decida qué subsiste en la economía mexicana y qué no”, indica.

En el elaborado plan del gobierno federal para comenzar con un desconfinamiento progresivo, el Consejo de Salubridad General incluyó a las industrias de la construcción, fabricación de equipos de transporte y minería entre otros sectores considerados como esencial, vaya “circulo poderoso”.

Aunque aseguran que los senadores de Estados Unidos están presionando al gobierno mexicano para plantear urgentemente un plan para reabrir actividades ligadas a la cadena de suministro, la ministra de Economía, Gabriela Márquez, rechazó que existan presiones de Washington.

“López Obrador ha mostrado quizás que el único contrapeso que tiene es el poder del vecino poderoso, de los Estados Unidos”, apunta Molano.