OPINIÓN. Estado fallido es la expresión que define una corporación gubernamental como fracasada. Es decir, ni sus doctrinas ni sus gobernantes han funcionado para el pueblo y las repercusiones son tan tangibles como malignas.

Salvador Ramos Bustamante define a Quintana Roo como “paraíso turístico, infierno social”. Lo que fuera un proyecto inclusivo terminó enriqueciendo exclusivas cuentas de políticos traicioneros, abandonando a su pueblo y sacrificando la naturaleza milenaria por mares de concreto.

Hoy a poco más de cuatro décadas la desigualdad no sólo prevalece, sino que ha acentuado el contraste entre el norte y sur del estado, entre la pudientísima zona hotelera y las marginadas regiones del municipio de Benito Juárez.

Sin olvidar que dos ex gobernadores se encuentran presos por el desfalco cínico de nuestro erario, de nuestra confianza y nuestra fe vencida en el proyecto que hace 44 años era entusiasmo de todos.