La tarde del 13 de febrero la “normalidad” se desvaneció de Quintana Roo y lo hizo con tan sólo un tweet, la pandemia había llegado.

A las 18:30 horas la secretaria de Salud, Alejandra Aguirre Crespo anunció lo que nadie quería leer o escuchar, se había confirmado el primer caso de COVID-19.

La paciente era una mujer de la tercera edad de origen italiano cuya familia radicaba en Cancún y había estado recientemente en España.

La noticia estremeció a toda la ciudad, y cambió la dinámica social que se tenía hasta el momento.

“Cuando se dio de alta, nosotros estábamos contentos, pero tras ella vino un sin fin de personas contagiadas, que no querían creer en la existencia del virus”, dijo la enfermera, Carmina Javier Puc.

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De un día para otro el gel antibacterial, el alcohol y los cubrebocas se volvieron artículos de primera necesidad, agotándose en tan sólo horas.

Los meses de confinamiento

Con la misma velocidad aumentaron los casos de COVID-19 en Quintana Roo, ubicándose en los 10 primeros lugares de contagios y defunciones.

Según Cruz Roja, durante 2020 se otorgaron 18 mil servicios de ambulancia, de los cuales dos mil 109 fueron pacientes infectados.

Es decir, personas que tuvieron que ser trasladados de urgencia por tener complicaciones respiratorias.

Carlos Constandse, presidente de la organización, indicó que en el pico más alto, los paramédicos tenían que hacer filas por horas en hospitales.

Y es que un sólo servicio podía tomar de cuatro a seis horas, incluyendo el tiempo de limpieza de las unidades, que terminaron dañadas.

Debido al nivel de contagio, las autoridades tuvieron que tomar medidas que terminaron en un confinamiento de casi tres meses.

Lo que provocó una seria crisis en el principal destino turístico de México, cuyas habitaciones de hotel quedaron casi vacías y desembocó en una ocupación de 18%.

“Ni siquiera imaginábamos el alcance que iba a tener, vimos detenerse al mundo y por supuesto lo que significó para la economía”, afirmó al respecto el gobernador Carlos Joaquín.

No sólo la economía del destino sufrió, también lo hicieron las miles de familias, con la violencia domestica, la falta de empleo y alimento.

De esta manera surgieron los comedores improvisados, para ayudar a las personas más necesitadas, quienes se formaban para recibir la única comida del día.

¿Luz al final del camino, una tregua de pandemia?

Pasados los meses de junio, julio y agosto, la pandemia pareció dar una pequeña tregua a Quintana Roo.

Con ciertas precauciones, la ciudadanía pudo volver a tener un poco de “normalidad” y algunos servicios se reactivaron.

Sin embargo, a finales de año la curva volvió a dar un traspié con las posadas, las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

La factura la pagarían los quintanarroenses en los meses de enero y febrero, con retrocesos en el semáforo epidemiológico.

Pero en medio de todo esto, llegaron las ansiadas vacunas de Pfizer, que permitieron ver una luz de esperanza al final del túnel.

Actualmente, se han aplicado más de 35 mil vacunas a personal médico y adultos mayores de 60 años, la población más vulnerable.

Y de acuerdo con las autoridades de salud, en las próximas semanas la distribución será mayor, alcanzando al fin a Cancún y Chetumal.

Hasta el momento los municipios que han podido aplicar vacunas son: Puerto Morelos, Bacalar, Cozumel, Solidaridad y Felipe Carillo Puerto.

Los que no han tenido ni una sola dosis son Tulum, José María Morelos y Lázaro Cárdenas, las localidades más pobres de Quintana Roo.

¿Cómo viviste este año de pandemia?

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