La necesidad de recubrir leyes y sistemas gubernamentales para que precisamente este agente no pueda abastecer sus interés personales a través del erario público, cada vez es más grueso, es decir que cada capa o cada acción es pensada para evitar la corrupción, sin embargo por cada medida tomada existen variables incontrolables, el soborno, la ambición del poder o simplemente la condición humana ante la política.

Tal vez la destreza ante el juego de la corrupción rebasa los límites legales y transgrede las casas, se impregna en los valores y las costumbres brindadas por nuestros padres y la sociedad misma. Tal vez sólo se trata de cada quien hacer lo mejor posible y no pensar en, si yo no robo alguien más lo hará.