Kantunilkin.- Manos que curan, son las de los sobadores que dan masajes para atender alguna dolencia muscular, actividad que aprenden de sus padres o abuelos, y en las comunidades rurales es común notar a alguna persona dispuesta a dar estos servicios.

Tal es el caso del señor Diego Pat Tun quien tiene su domicilio en la colonia Terencio Tah de esta ciudad donde atiende a cualquier persona que llega para que sea sobada desde la espalda, las manos, las rodillas, piernas o cualquier otra parte que presente algún problema.

Cobrando la módica cantidad de 50 pesos, el sobador solo usa una pomada especial para deslizar sus dedos sobre la zona adolorida que, al mismo tiempo, permite una relajación para aliviar el estrés “siempre vienen personas a visitarme, gente que no conozco que me dejan más dinero porque aseguran que se sienten mejor apenas termino de sobarlo”.

El único problema que tiene esta sexagenaria persona es que solo habla en lengua maya, y muchos de sus pacientes no lo entienden y tienen que buscar un traductor para que le explique y pueda tallarle la zona adolorida.

Relató que esta actividad la aprendió de su papá, ya que su abuelo también sobaba, de tal forma que se transmite de generación en generación, pero al mismo tiempo, lamenta que a sus hijos no les interesa aprenderlo porque no se gana mucho.