La pregunta ofende, pero vamos respondiendo…

Imagina una comunidad aislada de todo, donde sólo vivan familiares y amigos tuyos, imagina al menos un cúmulo de 60 personas. Por un lado tu familia nuclear siempre se ha dedicado a la panadería, por otra parte tu familia en segundo nivel vende su ganado, mientras que tus amigos diversifican sus ingresos de diferentes formas.

Cada día laboran comercialmente de la misma forma: tu primo le vende pan a tu amiga que tiene un restaurante, mismo que oferta cortes de carne previamente vendidos por otro familiar tuyo, y dentro de muchas razones, es justamente una (el consumo local) por la que acudes al establecimiento, es decir, por solidaridad, no sólo al negocio, sino a los productos que son provistos por tus conocidos. Ahora imagina eso mismo, en tu estado y posteriormente en tu país.

En el supuesto anterior, intenta imaginar una tribu que llega de muy lejos para vender los mismos productos que tus familiares y amigos, además de algunas novedades ¿qué les comprarías?.

La respuesta obligada y más lógica, invariablemente, es la novedad, pero ¿qué pasaría si personas de tu comunidad comienzan a igualar (no superar) los productos nuevos que han llegado a tu aldea? La discrepancia aquí será calidad Vs relación afectuosa, muchos optarían por la calidad, ya que el capital es fuertemente custodiado por intereses propios, sin embargo ¿cómo ayudarías a que tu familia o amigos mejoren la novedad sin que existan ventas? Es decir, sin la oportunidad de capitalizar su mercado y con ello demostrar el alcance real de su calidad.

En México todos los días pasa esto, un serial de compra – ventas medianamente irresponsables, moralmente culposas, pero comercialmente satisfactorias: no comparamos el champú del artesano con valor superior a los 30 pesos, porque naturalmente desconfiamos de sus características y procesos, pero sí compramos el champú de línea estadounidense que supera los 60 pesos, porque, naturalmente, nos brinda la seguridad en calidad que deseamos al invertir nuestro dinero ¿correcto?

Es justo aquí cuando se habla de la apuesta a lo local y con ello lo que representa el sustantivo: un posible perder o un posible ganar; y cuando llegues a este dilema, recuerda justamente el ejemplo en donde tu tribu requiere de tu inversión para superar la calidad mostrada.