Muchas mujeres no tienen la oportunidad de alzar la voz por lo que tanto aman y aunque algunas sí pueden hacerlo, muchos veces su alcance es opacado por el ecofeminismo blanco.

En el mundo hay mujeres indígenas luchando por el medio ambiente y las consecuencias que las industrias, la ganadería e incluso el crecimiento social está causando en sus territorios. Esas mujeres desean visibilizar y encaminar su lucha para mejor el mundo en el que vivimos.

Ellas están luchando por la tierra, por el lugar en el que viven, pero al mismo tiempo se enfrentan a otro problema: el ambientalismo blanco. Si bien las personas que viven en la ciudad tienen el derecho a preocuparse por el medio ambiente muchas veces lo hacen con fines de interés. Quienes viven en la ciudad no son las personas que en verdad sufren los desplazamientos o efectos del cambio climático.

Una gran cantidad de indígenas han muerto defendiendo su territorio y sus recursos, pero a ellos nadie los toma en cuenta. El ruido, el enojo y la rabia se genera cuando las personas agredidas que defienden una causa son blancas.

Por eso es importante que por lo menos una vez en la vida dejemos que ellas hablen y no sean opacadas con otros movimientos o mensajes. Esta vez, te traemos a tres mujeres indígenas que están comprometidas en la lucha por la preservación del medio ambiente.

Nia Huaytalla

Una mujer de nacionalidad argentina/peruana y de raíces apurimeñas y chankas

Ella defiende al clima y a las mujeres, quienes son las principales afectadas a raíz de los territorios explotados, principalmente en el sur de Latinoamérica. Encara a las personas que dicen defender al medio ambiente, pero nunca han sufrido en carne propia las consecuencias de los actos de los que la misma gente blanca es cómplice.

“El ecologismo blanco es un movimiento apropiado y banalizado. Es un chiste que habiendo tanta cantidad de activistas indígenas muriendo todos los años recién la gente empiece a pensar la situación crítica de la crisis climática cuando una niña blanca europea, privilegiada, se sienta con un cartel. Es insultante. Y ni siquiera les importan las vidas negras e indígenas, solo les importa no perder su privilegio de ciudad en el futuro. Justicia climática es justicia racial. Justicia climática es la reparación histórica que las personas blancas privilegiadas de todo el mundo le deben a las personas racializadas. Tras cientos y cientos de años de saqueo en nuestros territorios, es hora de pagarlos.” defiende Huaytalla.

Violeta Silvestre

Mujer de nacionalidad chilena, perteneciente del territorio andino del Altiplano.

Silvestre hace una comparación de los abusos del capitalismo y el patriarcado. Dice que ambos se encargan de oprimir y explotar a dos cuerpos: las mujeres y la naturaleza. Ambas son abusadas y violentadas y a la vez son dejadas en el olvido.

Chile es un país que ha estado apostando por visibilizar los cuerpos blancos y no reconoce a los pueblos originarios. Mientras que las mujeres blancas de clase alta, gozan de privilegios a costa del despreció del trabajo de las mujeres indígenas y la naturaleza.

“Una comienza a luchar de diversas formas al ser consciente de todas las opresiones desde el cuerpo, en lo cotidiano. Muchas de esas opresiones cambian tu modo de ver la vida justamente porque se te ha violentado. En el camino, vas encontrando a otras personas como tú, que han vivido situaciones similares de violencia por lo que son o cómo deciden ser, y ahí te das cuenta de que no es solo un problema personal (ya que individualmente no trasciende) sino colectivo, comunitario, de pluralidades diversas. Y lo haces por ti, pero también por quienes te rodean, y con esto no solo me refiero a humanas, sino a la Madre Tierra, a los animales, a las plantas, a las montañas, a todo.” defiende Silvestre.

Ninari China Santillas

De nacionalidad Kichwa de los pueblos Cotopaxi y Otavalo.

Ella es una mujer que encabeza una lucha que está dirigida al reconocimiento de sus raíces. Por el respeto que cualquier forma de vida se merece y porque los blancos no se atrevan a cuestionar algo que nunca han experimentado.

Lucha por que la belleza, las costumbres y el trabajo de las mujeres Kichwa sea reconocida. Está en contra del ecologismo que privilegia a los blancos, quienes tienen ni sienten el mínimo respeto por la Madre Tierra, mismos que se han encargado de desplazar a las verdaderas personas que deben encabezar las luchas medioambientales: los indígenas.

“Lucho porque la gente blanca y mestiza no nos cuestione el dolor ni la muerte. Contra su ignorancia, falta de empatía y sensibilidad, carencia afectiva cultural, arrogancia, poder, odio, conocimiento “universal” que no es de todos. Lucho para que no cuestionen nuestros saberes porque su ciencia no logró comprobarlos. Y, aunque digan que hay que cuidar la tierra, no saben hablarle, no saben llorarla, no saben amarla como a sí mismos; pero, sobre todo, no saben defender a los defensores de siempre, los pueblos indígenas campesinos. Lucho para que sea posible la interculturalidad consciente y crítica.”, defiende Santillas.

 

El ecofeminismo debe dar voz a quienes en realidad sufren y les duele el mal que se le está ocasionando a la Madre Tierra. Las voces indígenas merecen ser escuchadas. Esas voces que no conocen privilegios, que son afectadas por las grandes industrias, por las actividades que benefician únicamente a las grandes ciudades.

 

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