Los alemanas tienen fama de ser muy precisos y eficientes, tal vez por ello todo lo que venga del país germánico tiene mucha credibilidad. El periodismo de dicho país ha quedado en entredicho desde que se dio a conocer el caso “Spiegelgate”, hace un par de meses. La historia que deja muchas lecciones, ahora la podemos contar así:

Claas Relotius, uno de los periodistas estrella de la prestigiosa revista de periodismo investigativo, Der Spiegel, publicó decenas de artículos y reportajes con maravillosas historias que se desarrollaban alrededor del mundo. En su trayectoria se sumaban cuatro premios alemanes de periodismo, un premio de la prensa europea, la cadena CNN lo había nombrado “Periodista del año” y la revista Forbes lo incluyó en la lista de las 30 personas menores de 30 años más influyentes de los medios en Europa. Relotius también escribió un largometraje para la revista suiza Reportagen, por el que recibió dos Premios CNN de Periodismo en 2014.

Lo que llevaría a Relotius al escándalo comenzó en noviembre de 2018, a raíz de la elaboración de un reportaje titulado “La frontera de Jaeger”, sobre la caravana migrante que iba de nuestro país hacia EEUU, en el cual los editores de la revista le indicaron colaborar con uno de sus colegas, el español Juan Moreno, para escribir el reportaje juntos. 

La historia se escribió. Pero Moreno comenzó a dudar de varios testimonios que incluía Relotius, así que se dedicó a buscar evidencias y le contó de sus sospechas a sus jefes. Nadie le creyó. Insistió y escribió al departamento de comprobación de datos y documentación, donde trabajan unas 60 personas, donde tampoco le hicieron caso. Su instinto no lo dejó descansar y pasó cinco semanas dedicado a desmontar las historias de Relotius. Incluso aprovechó un viaje de trabajo a Estados Unidos para llevar a cabo una misión secreta y corroborar sus sospechas.

“La frontera de Jaeger” fue el inicio del fin para Claas Relotius, quien fue despedido tras descubrirse que había inventado detalles no sólo en el reportaje sobre la caravana migrante, además inventó personajes, lugares y hechos en al menos 60 piezas para Der Spiegel. A finales de enero, la revista publicó un primer avance de las comprobaciones, cuyo resultado es espeluznante. Relotius se derrumbó y confesó. Dijo que le había movido el “miedo al fracaso” y que “la presión para no fallar fue creciendo a medida que iba teniendo más éxito”.

Y es que nadie, ni sus jefes, ni el departamento de comprobación de datos, ni ningún compañero, se dio cuenta de que el más de medio centenar de artículos eran ficción. Pero lo más importante: engañó también a sus lectores y a la audiencia.