El 31 de diciembre de 2020 se publicó en el Diario Oficial de la Federación un decreto presidencial que establece la prohibición del maíz transgénico y la eliminación del glifosato para el 2024 en México.

El objetivo es “contribuir a la seguridad y soberanía alimentaria” y proteger “el maíz nativo, los maizales, la riqueza biocultural, las comunidades agrícolas, el patrimonio gastronómico y la salud de los mexicanos”.

Sin embargo, como bien ya leíste, su eliminación será gradual y en este proceso han surgido voces que se oponen a su exterminio.

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Una es el principal grupo de presión agrícola de México: Bayer, cuya unidad agroquímica, Monsanto, fabrica el herbicida Roundup. Además del maíz transgénico diseñado para sobrevivir a la aplicación del pesticida.

Pero también está PHI México, que se amparó ante la Suprema Corte de Justicia para poder sembrar maíz transgénico en territorio nacional.

¿Cómo dañan el maíz transgénico y herbicidas?

Tanto el maíz transgénico como el herbicida glifosato tienen serias repercusiones para la agricultura y los pueblos indígenas de México.

El herbicida glifosato, por ejemplo, fue clasificado como un posible agente cancerígeno para los humanos en 2015. El glifosato en sí es un contaminante ambiental generalizado que se utiliza para destruir plantas consideradas malezas, que se encuentran en suelos y sedimentos.

Pero su aplicación pone en riesgo a una amplia gama de cuerpos de agua superficiales, aguas subterráneas y el medio ambiente marino.

El uso de tales contaminantes también afecta la diversidad de variedades agrícolas conservadas en los campos, fundamentales para la producción de alimentos en nuestro país.

En otras palabras, la adopción de transgénicos y glifosato nos aleja cada vez más de disfrutar de la soberanía alimentaria y la autosuficiencia.

Transgénicos dividen opiniones

Quienes se oponen a los cultivos transgénicos dicen que contaminan variedades de maíz nativas seculares y fomentan el uso de pesticidas peligrosos que ponen en peligro la salud pública y dañan la biodiversidad.

Cabe señalar México es considerado el centro de origen, domesticación y diversificación de 59 tipos de maíz y otros cultivos, entre ellos, chile, frijol, calabaza, vainilla, algodón, aguacate, cacao y amaranto.

Prueba de ello es que México es en gran parte autosuficiente en el maíz blanco que se usa para hacer las tortillas básicas del país.

Sin embargo, depende de las importaciones de maíz amarillo transgénico en su mayoría de los Estados Unidos para la alimentación del ganado.

La importancia del maíz en las culturas mesoamericanas

Eliminar el uso de estos productos dañinos -aunque sea de manera gradual- sirve para saldar la deuda histórica con la diversidad genética en México.

Su prohibición es un gran paso para avanzar hacia una producción ecológica que preserve la biodiversidad, forjada en manos de la población agricultora durante milenios.

Para ellos, el maíz representaba no solamente la base de la subsistencia alimentaria, sino que era el motor de la vida.

El maíz era también eje del calendario agrícola, marcador del tiempo tanto para la guerra como para la paz, e incluso para edificar las ciudades.

Es por ello que este paso es necesario para proteger nuestro maíz nativo, nuestra cultura y herencia, aunque no es el único.

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