Desde hace ya algún tiempo, todos los mexicanos nos hemos preguntado si las playas son públicas o no; intuimos que sí, sin embargo constantemente vemos algunas puntos de costas cerrados, ya sea por actividades turísticas, por reserva natural o incluso por particulares que argumentan tener un título de propiedad. ¿Pero cuál es la realidad detrás de las suposiciones?

En realidad, las playas son públicas y sus accesos no deben ser restringidos, así que la respuesta es SÍ, los particulares que dicen poseer la propiedad, SÍ incurren al negar el paso por una propiedad que por derecho es público. Como tal, existen algunas concesiones, las cuales brindan ciertos derechos de uso sobre la costa, pero el libre tránsito es un derecho constitucional.

¿Entonces por qué no se ha castigado a aquellos que bloquean el paso? Las respuestas en orden: se trata del punto más amañado de México, es decir su burocracia actual, la cual respalda, sin fundamento, a muchos de estas personas. Existe también, como se decía anteriormente, la sesión de algunos derechos sobre estos espacios, específicamente son 20 metros de playa adentro desde la línea marítima lo que se establece como vía pública, y es aquí donde yace la verdadera confusión (convenientemente) para quienes obtienen dichos permisos; la ley estipula que en ningún momento el acceso debe ser restringido.

De los permisos brindados por la Semarnat, corresponde el 32.2% del territorio costero nacional, contemplando derechos a actividades turísticas, pesca, protección ambiental o particulares. Es decir que poco más del 60% de nuestras playas tienen el acceso libre, tal cual lo marca la Constitución Mexicana.

Nayarit es el Estado que cuenta con mayor número de restricciones, más puntualmente el municipio de Bahía de Banderas, en el poblado de Flamingos, donde prácticamente los accesos libres son nulos.

En su momento, el partido MORENA, del actual Presidente de México, había proyectado una ley para cobrar con hasta 20 millones de pesos a las personas que restringieran el libre tránsito por playas mexicanas, pero hoy sabemos que esa realidad es sólo un sueño de almohada.