El distanciamiento social y la reducción de movilidad son las herramientas más eficaces para frenar la propagación de la pandemia COVID-19 en México, aunque en el actual contexto laboral del país, detener la movilidad no es una opción para muchos mexicanos.

Solo entre el 20% y el 23% de los trabajadores del país tienen la posibilidad de trabajar vía remota, de los cuales, la mayoría está concentrada en los rangos de ingreso más alto, de acuerdo con el Centro de Estudios.

Pese a que la movilidad es un factor determinante para la competencia, las condiciones de traslado que enfrentan cientos de miles de ciudadanos para realizar sus actividades diarias, están directamente ligadas a su calidad de vida y a la manera en la que se desenvuelven en su entidad.

Lo que podría suponer que este problema se suma a la lista de la “nueva normalidad” por resolver, y que sin duda, es indispensable diseñar estrategias a corto, mediano y largo plazo que garanticen traslados seguros para la población sin tener que retroceder en la construcción de ecosistemas de movilidad eficientes y que sean dependientes del automóvil particular.

¿Qué opciones ofrecen las ciudades para que sus habitantes puedan trasladarse de manera segura?

Una ciudad resiliente cuenta con una movilidad competitiva como las diferentes opciones de transporte seguras, cómodas, incluyentes, de calidad, accesibles, asequibles y sustentables, en las que el ciudadano tenga la opción de elegir dependiendo sus necesidades, ya sea durante algún tipo de contingencia o un día normal.

Hoy en día, la mayoría de las ciudades en México no cuentan con sistemas eficientes de movilidad -y mucho menos resilientes. En donde la dinámica de los traslados depende mucho del uso del automóvil y cuentan con poca capacidad de planeación y adaptación a eventos externos.

Las ciudades poco preparadas para situaciones de contingencia se caracterizan por tener:

Pocas alternativas para sustituir al automóvil particular. Situaciones extremas como las inundaciones o los sismos, conllevan a un colapso vial, y como consecuencia, la inmovilidad que en momentos importantes es fundamental para el flujo de bienes, servicios o personas.

Infraestructura insegura e inaccesible se convierte en barreras urbanas, por ejemplo los segundos pisos. Que junto con la congestión vial complican los traslados en cualquier otro medio de transporte que no sea el automóvil particular.

Falta de sistemas de información, planeación y respuesta inmediata.

Son pocas las ciudades que incluyen en su agenda de movilidad la construcción de un sistema de información y seguimiento de seguridad vial.

Aunque últimamente las autoridades estatales han diseñado estrategias para el retorno de las actividades económicas y evitar las aglomeraciones, las condiciones actuales de transporte no permiten implementar fácilmente estrategias para hacer sentir segura a la población.

Este es el momento para que los gobiernos locales definan una hoja de ruta gradual, para que la ciudadanía tenga una movilidad más segura, más resiliente y más competitiva.

La estrategia debe contar con un cambio radical en el gasto público para priorizar el transporte colectivo y medios de transporte sustentables sobre el automóvil particular, ya que la inversión en transporte público y no motorizado es sumamente escasa en la actualidad.

A nivel nacional, solo se destinó el 17% del total del presupuesto de movilidad a proyectos que contemplaron el transporte público e infraestructura ciclista en 2017.

A continuación se enlistan las propuestas del Centro de Investigación en Política Pública (IMCO) para lograr estos objetivos:

Corto plazo: ¿qué se podría hacer durante el confinamiento?

  • Monitorear los niveles de actividad de los traslados de la población en periodos de tiempo cortos (mínimo semanales) para verificar el cumplimiento de las medidas de distanciamiento social y del regreso escalonado de las actividades. Esto puede hacerse con ayuda del gobierno federal o de proveedores externos.
  • Identificar las zonas con mayor concentración laboral, en las que se enfoquen los esfuerzos de vigilancia o de medidas más exhaustivas para evitar contagios en zonas conurbadas.
  • Alinear la reactivación de las actividades en las empresas y escuelas a un plan para regresar de forma escalonada que tome en cuenta el riesgo de contagios que representa cada establecimiento por el giro al que pertenece.
  • Independientemente del sector al que pertenezcan los establecimientos, cada uno de ellos debe de considerar un plan de horarios diferenciados para sus empleados de tal manera que se reduzca la demanda simultánea de transporte.
  • Incrementar el número de carriles exclusivos para unidades de transporte público.
  • Aumentar el espacio destinado a infraestructura peatonal y ciclista para cumplir con las indicaciones de sana distancia. Aunque inicialmente esto puede hacerse de manera temporal, es necesario definir planes para construir infraestructura permanente.
  • Reducir el espacio destinado al uso de automóviles, lo que desincentiva su uso y le da prioridad al flujo de transporte público. También debe contemplarse el cierre y peatonalización de calles para aumentar el espacio entre personas.
  • Regular y facilitar la operación de iniciativas de transporte colectivo vía aplicación para aumentar la capacidad del sistema y disminuir aglomeraciones.

¿Cómo crees que podría mejorar la movilidad en tu ciudad?