Todo comenzó el 4 de enero, cuando Abril Cecilia Pérez Sagaón dormía en su cama, un súbito golpe la despertó, luego otro y luego otro, se trataba de su entonces esposo, Juan Carlos García, quien con un bate golpeaba a quien meses más tarde se convertiría en su víctima mortal.

Hace poco, relativamente muy poco, mientras se llevaba a cabo la marcha en contra de la violencia de género y la conversación de los feminicidios se exploraban tanto a través de los desmanes ocasionados por los grupos más radicales, como en performances, Abril era asesinada con un balazo en Circuito Interior, en presencia de sus hijos.

Este fue el fatal resultado de la combinación entre negligencia, nula sensibilidad, un agresor cobijado y un sistema más que fallido.

A pesar de que la denuncia por intento de feminicidio fue interpuesta por Abril ante el Juez de Control, Federico Mosco González, él ante una incertidumbre que aún deja a todo el país helado, rectificó el delito, pasándole de feminicidio a violencia familiar, lo cual permitió que Juan Carlos García pudiera salir de la cárcel en tan sólo unos meses, fraguando una venganza fatal para Abril.

Hoy las redes sociales se inundan de algo más que tristeza, es más parecido al coraje, al que existe cuando hay un numeroso grupo de mujeres en las calles de la capital, acaparando atención de las autoridades a toda costa para que, al menos, en materia jurídica los casos tengan el valor que ameritan y que los victimarios puedan ser enjuiciados como se debe, sin embargo… en vez de eso, una más.