Empresas trasnacionales y diseñadores famosos han comercializado la iconografía de nuestras etnias y las raíces de nuestra cultura por mucho tiempo. En los últimos años, diversas demandas realizadas por organizaciones en defensa de los pueblos indígenas han visualizado este problema.

Los plagios más conocidos

En 2015, la diseñadora francesa Isabel Marant incluyó en su colección patrones gráficos idénticos a los bordados realizados por artesanas mixes de Santa María Tlahuitoltepec, Oaxaca. Un año más tarde, en 2016, a Cervecería Cuauhtémoc-Moctezuma uso sin el debido consentimiento la ceremonia de los Voladores en el distintivo comercial de la cerveza.

En 2017, la marca de ropa española, Mango, hizo un uso indebido de los tenangos, a lo que la compañía respondió con una carta de disculpa, el retiro de sus tiendas de las piezas que copiaban dicha iconografía y aseguró que donaría las ganancias a la comunidad de Hidalgo.

Un año más tarde, la queja fue contra Nestlé, también por hacer un uso comercial indebido de la iconografía de artesanos de Tenango de Doria, Hidalgo; la cual fue admitida por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

La CNDH inició una investigación en la cual obtuvo testimonios de artesanos de diferentes regiones del país como Chiapas, Michoacán, Guerrero, Yucatán, Oaxaca y Chiapas, principalmente, que denunciaron la afectación económica que enfrentan como consecuencia de la inadecuada protección de su patrimonio cultural.

Asimismo, ha tenido conocimiento de los casos paradigmáticos de las comunidades afectadas directa e indirectamente de Tenango de Doria, Hidalgo; Aguacatenango, Chiapas; Santa María Tlahuitoltepec, Oaxaca, y Papantla de Olarte, Veracruz.

Por qué debería importarnos

Estas violaciones se han dado mediante la apropiación y reproducción indebida, sin autorización previa y sin consentimiento de diseños, patrones, pinturas y dibujos, que forman parte de costumbres, de un universo simbólico, saberes ancestrales e identidad.

Otro aspecto a destacar es que el uso de elementos iconográficos por parte de esas grandes compañías, que cuentan con medios económicos, infraestructura, capacidad de difusión masiva y publicidad, les generan un recurso económico, a diferencia de los pueblos indígenas que no obtienen ningún beneficio.

Los especialistas consideran que el uso comercial que las empresas hacen de la iconografía tradicional y de artesanías viola los tratados internacionales en materia de derechos humanos avalados por la Constitución, además de que altera el patrimonio cultural mexicano y transgrede los derechos culturales.

 Un problema legislativo

“Hay una protección al patrimonio individual con los derechos de autor, pero no al patrimonio colectivo que lleva cientos de años. La legislación no las protege porque no hay una organización colectiva que pueda hacer vinculante una ley y las autoridades no atienden estos casos”, afirma Adriana Aguerrebere, directora de Impacto, la organización que apoya a más de 500 artesanas mexicanas para revalorizar su trabajo y lograr un comercio ético, así como denunciar casos de plagio, una batalla que les ha traído más contratiempos que éxitos.

Por otra parte, los especialistas señalan que la falta de armonización entre leyes generales, federales y estatales con los instrumentos internacionales afecta los derechos de preservación integral, desarrollo, promoción y protección de elementos de cultura e identidad de cada comunidad indígena del país.

Por último y no por ello menos importante, la culpa también es de los compradores, que deben informarse sobre estos abusos, hacerse conscientes del comercio ético, tener respeto y practicar un consumo responsable, apunta Adriana Aguerrebere.

Fabiola C.