Casi como si un laboratorista hubiera sacado una muestra del México actual, el resultado tendría los síntomas que ofreció el incidente de Tlahuelilpan: alto porcentaje de huachicoleo generado por antecedentes de idiosincrasia distribuida por una falla en el Gobierno central.

¿La culpa de quién es? De todos, que el dedo gire 360°. La culpa, en retrospectiva, ha aguardado mucho tiempo, desde la demagogia y sus creyentes, pasando por la ciudadanía de hasta cuatrocientas morales y terminando, en círculo, en los gobiernos de bolsillos gordos.

El ducto que reventó el 3er viernes del año 2019, es uno que ya había sido ordeñado durante mucho tiempo, en sí no se trata de cualquier toma, es la toma Tuxpan – Tula, una de las más relevantes para PEMEX, es que con ello y con acciones del nuevo gobierno transformista, la milicia había contactado este punto en el Estado de Hidalgo para dar atención al problema del huachicoleo local.

Así fue como se pudo desmantelar en su mayoría a la agrupación que delinquía, pero no del todo, ya que faltaba el pueblo en general, que conocía a anchas la toma. De igual forma sabía que el ducto había sido intervenido por la SEDENA y que ya no “pertenecía” más a los viejos maleantes conocidos, tal vez fuera esta la razón por la cual decidieron acercarse de tal forma a la fuga crecida.

Aún cuando militares y policías pedían al pueblo alejarse y cesar el rapiño, lo contrario sucedía, llegaban más; niños y niñas, señoras y señores, jóvenes a cientos y cientos se acercaban con envases vacíos para rellenarlos de gasolina. Según expertos la detonación pudo ser un chispazo eléctrico entre la ropa sintética de uno de los pobladores y el alto octanaje del químico. Saberlo será complicado, la escena cambió todas sus propiedades al carbón y a la tristeza.

Hoy, nuevamente México nos dice quién es y de qué está hecho. Y con crítica decepcionante podemos confirmar que nos falta mucho para llegar a una transformación trascendente.