¿Quiénes ha sido los menos favorecidos durante la contingencia sanitaria en México? Probablemente muchas personas pensarán que son quienes han perdido su empleo, las personas que viven en pobreza extrema, los ancianos, los niños e incluso los indigentes y la verdad es algo muy cierto, pero ¿qué hay de los que alguna vez tuvieron voz y hoy la han perdido? ¿qué hay de quienes nunca la tuvieron? ¿cuál es la situación de las personas olvidadas en los hospitales psiquiátricos?

Casos en el Hospital Psiquiátrico Dr. Samuel Ramírez Moreno

Ubicado sobre la carretera al estado de Puebla, al sureste de la Ciudad de México, en los límites con el Estado de México.

Nadie sabe cómo el virus llegó al hospital. Sixto, uno de los pacientes internados con discapacidad intelectual y condición psiquiátrica, quien apenas puede comunicarse, comenzó a sentirse mal a principios del mes de mayo.

Los primeros casos se dieron en la Unidad de Larga Estancia 1A. Sixto, Miguel Ángel C. y Andrés N. fueron los primeros pacientes en manifestar síntomas de coronavirus, pero solo les administraron antibióticos.

Los primeros infectados

En la Unidad de Larga Estancia viven 26 personas y el poco personal médico encargado de las atenciones no fue suficiente para contener la enfermedad.

“Aunque no les han hecho pruebas a todos los pacientes del 1A, muy seguramente todos son positivos, ya algunos tienen picos febriles y no se ha hecho una desinfección a fondo, solo la limpieza normal”, informó una de las enfermeras, que por temor a represalias decidió mantener su nombre en el anonimato.

La falta de insumos

El poco personal que atiende a los pacientes trabaja en condiciones realmente alarmantes. Se ven obligados a ingresar a la unidad infectada cubiertos únicamente con una sábana vieja que atan a su cintura con una gasa y se cuelgan otra sábana a manera de capa sujetada al cuello. Ese es todo el equipo de protección con el que cuentan.

Fue hasta el 19 de mayo que un área de regaderas fue abierta para permitirle a los empleados bañarse antes de entrar, aun sabiendo que muchos de ellos trabajan en hospitales que atienden exclusivamente a pacientes con coronavirus.

La sección 91 de Sindicato de Trabajadores de la Secretaría de Salud, liderada por María Inés Arévalo, se mantuvo cerrada por más de 50 días.

Esta precariedad en pocos días cobró la vida de Silvestre Padilla Rodad, uno de los enfermeros que falleció días después de que Sixto comenzara a sentirse mal.

“Nos están dejando olvidados, estamos trabajando a ciegas, no sabemos qué hacer. No nos negamos a trabajar, pero tenemos miedo. Sabemos trabajar con pacientes con VIH, con tuberculosis, pero para este virus no hay tratamiento. Si no nos protegemos, ¿cómo vamos a proteger a los demás?”, dice otra de las enfermeras.

Las declaraciones del hospital

El día del fallecimiento del enfermero, César Javier Bañuelos Arzac, director del hospital, negó a través de un mensaje por WhatsApp que existieran casos de COVID-19, se negó a aislar a los pacientes que presentaban síntomas y aseguró que con la ayuda de los antibióticos estaban mejorando.

Después de esto y de las declaraciones de las autoridades, la plantilla del hospital se vio reducida. Muchos de los trabajadores debido a la edad o padecimientos entraban en la categoría de riesgo y dejaron de asistir.

El contagio se extiende

El 18 de mayo, a través del mismo grupo de WhatsApp donde el director negaba los casos, fue él mismo quien compartió que de 10 pruebas realizadas, siete resultaron positivas: Sixto, cinco pacientes más y una enfermera.

Para el 25 de mayo los datos se habían duplicado, 19 personas contagiadas: 16 pacientes, dos enfermeras y un médico.

Uno de los enfermeros de nombre Miguel fue enviado a casa con síntomas y sin realizarle la prueba. Carmen, otra enfermera, tuvo que rogar para que le hicieran el test y está en espera de los resultados. Hasta el momento han fallecido dos enfermeros más y un paciente.

Las instrucciones de López-Gatell

Ante la demanda de insumos y capacitación, el director del hospital le dijo a su personal que lo mejor era que vieran las conferencias de la tarde de López-Gatell para informarse de todo lo necesario.

Una de las enfermeras afirma que sí recibieron dos pláticas, pero que no fueron nada profesionales y responsabiliza al director de los contagios y muertes por no tomar las medidas necesarias y no actuar como se debía.

Por su parte, la Secretaría de Salud en conjunto con los Servicios de Atención Psiquiátrica afirman que los centros psiquiátricos han recibido los insumos adecuados y que desde la semana pasada que se dieron a conocer los casos del hospital están siendo atendidos en la unidad de epidemiología de Tláhuac.

El 24 de mayo el director del psiquiátrico dio a conocer en un escrito que fue enviado a la Secretaría de Salud que seis de sus enfermeros, un médico y 11 pacientes habían resultado positivos.

Los olvidados

Los pacientes llevan años sin recibir visitas, incluso algunos tienen actas de nacimiento sin familia citada y su tutela está asignada al Sistema para el Desarrollo Integral para la Familia (DIF) del Estado de México, a pesar de que algunos viven en el hospital desde hace 30 años.

La única familia que tienen son sus compañeros y el personal encargado de su cuidado, quienes aseguran que cada que se sienten mal buscan un poco de afecto.

“Nuestros pacientes no manifiestan dolor, ¡son tan resistentes a él! Son como niños chiquitos que llegan, te abrazan dando a entender que se sienten mal; les ves la mirada y dices: ‘tienes fiebre”, cuenta una de las enfermeras.

“Siempre han convivido juntos, no los podemos separar”, comenta otra de las enfermeras.