Guyana consiguió obtener recursos económicos de sus selvas y áreas naturales, sin necesidad de destruirlas ni explotarlas.

Guyana es un país innovador en la protección de sus árboles, tiene menos de 750 mil habitantes y cuatro quintas partes de su superficie están cubiertas por árboles.

Noruega y Guyana firmaron un acuerdo en 2009: Noruega ofreció hasta 250 millones de dólares para frenar la deforestación y el cambio climático. Con ese dinero se ha pagado a científicos de Winrock International para ayudar a la Comisión Forestal de Guyana en el desarrollo de un sistema de medición de la cantidad de carbono almacenado por los bosques del país.

A partir de los estudios realizados, la comisión puede decidir informadamente qué árboles se pueden cortar sin poner en riesgo al ecosistema.

La tasa anual de deforestación de Guyana es de 0.048%, es una de las más bajas de América del Sur, pues el promedio para los países tropicales es de 0.275%.

Para la selva tropical de este país, la principal amenaza es la minería, pues el oro es la exportación más fuerte del país. Debajo de los bosques se encuentra oro, diamantes y otros minerales. Sin embargo, desenterrarlos comprometería el acuerdo con Noruega.

Además, Guyana ha apostado por ser un destino de ecoturismo; el bosque de Iwokrama, una reserva de 404 mil hectáreas, recibe cerca de mil 200 visitantes anualmente, de acuerdo con su gerente Dane Gobin.

Guyana ha demostrado a otros países que las selvas pueden ser monetizadas sin destruirlas y sin explotar sus recursos.

Gobin no se equivoca al decir que la conservación debe impulsarse por el mercado, pues “los beneficios a largo plazo de un bosque saludable son más valiosos que los beneficios a corto plazo de la tala o la minería”.