El confinamiento que el mundo entero ha experimentado ha ocasionado que las emisiones globales de carbono se redujeran 17% a principios de abril, fecha en la que las medidas de distanciamiento social se realizaron al pie de la letra y bajaron en comparación al mismo periodo del 2019.

Para fin de año se espera que la reducción de los gases alcance entre un 4% y 7%, no obstante, el respiro que el planeta está teniendo no durará mucho, ni compensa todo el daño que ha sufrido.

Si bien las restricciones de movilidad contribuyeron a está caída, lo cierto es que con el confinamiento el consumo energético se incrementó.

Un estudio realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) revela que para que los gases que calientan a nuestro planeta tengan una disminución significativa y sea sostenible, se necesita que las emisiones de gases invernadero disminuyan 2.7% cada año, lo que ayudaría a contener el aumento de las temperaturas por debajo de los 2°C.

En cambio, para que el aumento de las temperaturas no rebase los 1.5°C se necesitaría que los gases disminuyeran anualmente 7.6%.

¿Esto qué quiere decir? Que este año no se tendrá un avance significativo en la mitigación del cambio climático, pues el daño que se le ha hecho al planeta acumula muchos años de contaminación.

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