Un señor de 74 años desciende de su camioneta para pisar un terreno plagado de llantos nunca escuchados, de historias que jamás serán contadas y de algunos fantasmas vivos que quedan entre restos humanos tratando de encontrar alguno de sus conocidos.

Se trata de la visita del Subsecretario de Derechos Humanos de Gobernación, Alejandro Encinas, quien ha exigido que en su agenda se visite el rancho El Papalote, Tamaulipas, una denominada “cocina” donde los Zetas destruían cientos de cuerpos a fin de perderles su identidad.

El tamaño del apagado escenario es de dos campos de futbol, dos campos de futbol, como si el espacio de la sombría acción no fuera nunca suficiente. Es aquí donde diferentes planillas civiles autodenominadas “colectivos de búsqueda” revisan centímetro a centímetro, la flora para hallar algún resto, sin importar lo diminutos que suelen llegar a ser, confesando que hasta el día de hoy se han recolectado 100 kg de estos.

Las demandas de los integrantes de estos grupos, no son agresivas, son sinceras e impacientes de empatía. En general se pide que la FGR les ayude a comprobar la identidad genética de los restos y si no es posible, entonces claman sinceridad. Algunos piden apoyo económico, estar todos los días en este campo deja a varios sin trabajo.

Habrá que comenzar a reconocer el acercamiento de estas figuras públicas en escenarios donde la impacientes y el dolor no se alejarán en muchos años, sin embargo, ningún trabajo será aplaudido hasta dar con los 40 mil mexicanos desaparecidos.
Este trabajo forma parte del proyecto Pie de Página, realizado por la Red de Periodistas de a Pie. Conoce más del proyecto aquí: http://www.piedepagina.mx

Diego E