José María Morelos.- A simple vista pareciera una pequeña casa común y corriente como en toda comunidad hecha con material de la región (huano y palos); sin embargo, es uno de los primeros lugares a donde las amas de casa acuden todos los días para poder comer, pues en ella se muelen su nixtamal (maíz sancochado) que se convierte en masa que les sirve para elaborar sus tortillas.

Muchas de las comunidades mayas del municipio morelense aún continúan acudiendo al “molino” (como ellos le llaman), el cual contiene una pequeña máquina antigua hecha con un motor ensamblada con maderas ensambladas, donde tiene que hacer cola o esperar que llegue su turno de moler su nixtamal.

Muchas de las veces es ahí donde la misma gente se entera de las noticias y aconteceres de cada día de la comunidad o sus alrededores, pues como muchas de las comunidades no cuentan con señal telefónica, internet o cable.

Doña Lilia Dzulub de 63 años de edad, por ejemplo, todos los días desde muy temprano se levanta para ir a moler su nixtamal, que le sirve no solo para comer con su familia, sino también para criar a sus animales de patio como cochinitos y gallinas.

El maíz que muele a diario lo obtiene, como la mayoría de las personas de las comunidades de su milpa y en ocasiones cuando en la milpa se acaba acuden a la tienda para comprar unos kilos y así hacer su nixtamal.

En la comunidad maya de La Esperanza, aún persiste está costumbre de moler su propio maíz y hacer con ello sus tortillas a mano; las mujeres mayores aún conservan su vestimenta tradicional como lo es el hipil, a quienes se les puede observar acudir con sus palanganas de nixtamal a moler.