El pasado sábado 2 de marzo, mientras se desarrollaba el carnaval en el centro de Cancún, fueron ejecutados 3 hombres a plena luz del día, en una de las zonas más transitadas de la ciudad, la Avenida Bonampak, muy cerca de la zona hotelera.

No es de sorprender que el secretario de Seguridad Pública de Quintana Roo, Alberto Capella, sólo publicara un tuit que decía “Se presume conflicto entre grupos delictivos”, así nomás, como lo hacen las instituciones de seguridad desde hace varios meses, con frases hechas, restando importancia de los fallecidos que todos los días incrementan a una cifra cada vez más preocupante.

Aunque esta sea la declaración de las autoridades hay que destacar que no fue un acto que responda al patrón de acción en el que opera el crimen organizado en Quintana Roo.

El mes pasado se convirtió en el febrero más sangriento de Cancún con 50 ejecuciones, un récord histórico; además de que fue el cuarto mes con mayor número de ejecuciones en la historia del destino turístico.

Según los diarios locales, hay un promedio de ejecución cada 13 horas. En lo que va del 2019 han sido ejecutadas en Cancún 83 personas, lo que representan 18 ejecuciones más que las registradas en enero y febrero del 2018.

El mismo tuit mencionado, apunta: “No hay turistas ni personas ajenas al ataque lesionadas”; para toda la Riviera Maya es muy importante el turismo ya que es uno de nuestros motores económicos. Sin embargo, las autoridades también deberían de ocuparse de darle seguridad a la gente que habita en Quintana Roo, los asesinatos e inseguridad afectan tanto al turismo como a la calidad de vida de los locales.

Los habitantes de Cancún, al igual que en muchas otras partes del país, han llegado al punto de normalizar la violencia y contar las ejecuciones por día, por semana, por año. Y esto es algo terrible.

Al parecer por ahora no sabremos la verdad de por qué dispararon a los 4 hombres a bordo de la camioneta blanca Pick Up Sierra, los 3 ejecutados oriundos de Michoacán y el cuarto herido, una hombre originario de Campeche, que sobrevivió al ataque porque fue a refugiarse a uno de los módulos de policía que se encuentra en la zona hotelera.