Las exploraciones Chichén Itzá Subterráneo, parte del proyecto Gran Acuífero Maya, han permitido el redescubrimiento de Balamkú, un santuario subterráneo ubicado a 2.7 kilómetros al este del Templo Kukulcán.

Han encontrado cientos piezas pertenecientes a siete ofrendas, que corresponden al periodo Clásico Tardío (700-800 d. C.) y al Clásico Terminal (800-1000 d. C.)

Guillermo de Anda, investigador del INAH, asegura que se trata de un tesoro de información y una segunda oportunidad en la arqueología, pues Balamkú permitirá reescribir la historia de Chichén Itzá y comprender el origen y caída de la antigua Ciudad de los Brujos del Agua.

El acceso a la cueva y a las cámaras es complicado, es necesario desplazarse pecho tierra cerca de 400 metros para llegar a estas. Por el momento solamente cuatro personas trabajan en el interior.

Balamkú, “la cueva del dios jaguar” fue encontrado en 1966 por ejidatarios de la comunidad San Felipe, pero permaneció más de cincuenta años inalterada.