Frank Plummer es el microbiólogo especialista y científico que dio batalla a enfermedades como el VIH y ébola en los 70’s. Pero la presión por la investigación y el descubrimiento lo llevó a la dependencia cada vez mayor del alcohol.

Hoy forma parte de un grupo de investigadores, pero ahora como conejillo de indias en un ensayo clínico que investiga si los implantes cerebrales pueden ayudar a tratar la adicción al alcohol.

Al inicio de su carrera de investigación, como alternativa para manejar el estrés, la decepción y el dolor relacionados con su trabajo, Plummer comenzó a ingerir whisky para relajarse, y poder encontrar una “solución” a la crisis del VIH.

Fue un trabajo vital, emocionante y estresante, con jornadas de 12 horas que comenzaban con café y terminaban con varios vasos de whisky. Su consumo de alcohol era de alrededor 600 mililitros al día. Y fue hasta el 2012 cuando su hígado le pasó factura; el diagnóstico: insuficiencia hepática crónica.

A pesar de recibir ayuda profesional, cualquier alivio era temporal, y volvía a caer en la bebida.

Experimento

Llegó un momento, en el que afectó severamente su relación familiar y salud principalmente, fue hasta que dos neurocirujanos en el Hospital de Sunnybrook, en Toronto, se encontraban reclutando pacientes para un procedimiento experimental, y por primera vez en América del Norte, se iba a utilizar estimulación cerebral profunda (ECP) para ayudar a pacientes con adicción al alcohol que habían mostrado resistencia a otros tratamientos.

El procedimiento ha sido utilizado durante más de 25 años para ayudar a tratar trastornos del movimiento como la enfermedad de Parkinson. En todo el mundo ha habido aproximadamente 200.000 cirugías de ECP, muchas de ellas para curar trastornos del sistema nervioso.

Procedimiento

Plummer fue el primer paciente del ensayo a el tratamiento con ECP, que consiste en implantar un dispositivo eléctrico directamente en el cerebro del paciente para estimular los circuitos donde haya una actividad anormal o un “cableado” disfuncional, y ayudar a reajustarlos.

La ECP se describe con frecuencia como un tipo de “marcapasos” para el cerebro.

Durante la operación, los pacientes están despiertos. Por lo que se puede escuchar cuando las vibraciones y el ruido de los cirujanos perforando el cráneo para implantar los electrodos.

Resultado

Los cirujanos esperan que el estudio cambie parte del estigma que rodea a los trastornos de adicción, que todavía se ven a menudo como una debilidad o un fracaso de la fuerza de voluntad.

Los pacientes aún deben continuar con tratamientos convencionales para la adicción al alcohol, como terapia o programas de rehabilitación.

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