Sin hacer la historia muy larga, el compadrazgo Peña – San Román ha sido el constante cáncer sustractor de recurso público para el enriquecimiento de la primera familia de esta “amistad”, aunque a la segunda, tampoco le va nada mal.

La familia San Román consta, principalmente, de dos empresas constructoras: Urbanizadora Ixtapan e Inmobiliaria Club de Golf México. Poniendo ambos consorcios como un mismo ente (apellido), la riqueza ha surgido efecto a través de múltiples contratos de licitaciones de adjetivo… escuetas.

Al inicio de la administración de EPN como Gobernador del Estado de México, “recibió” una casa de descanso por parte de los San Román, ambos actores argumentando que fue una “compra” inmobiliaria de lo más común, mas nunca un incentivo del jugoso pacto que se avecinaba. ¿El fruto primario de esto? Más de $107 millones de dólares en contratos, -ojo-, sólo en el estado. Posterior a ello, le llegó “La Grande” a Enrique Peña Nieto, y para 2015 ya era Presidente de México, lo cual “ayudó” a que se celebrara un cúmulo de 13 contratos con Gobierno Federal para la empresa San Román. $596 millones de pesos, es el dato en dinero.

En 2016, además de haber “ganado” la licitación para una gran proyecto, Ricardo Arturo San Román Dunne, compró material a Estados Unidos por 485 millones de dólares, mientras que su valor real era de 240 millones de dólares.

Por cierto, San Román Dunne, es hijo de Roberto San Román Widerkehr, padrino de Paulina Peña, hija mayor de nuestro Presidente.

¡Salud compadre!