En la costa de Yucatán hay un tesoro escondido, una joya llamada El Cuyo, un bello lugar rodeado del azul turquesa del Caribe.

Es una encantadora villa de pescadores en la costa noreste de la Península dentro del Parque Nacional de Río Lagartos.

Está localizado a sólo dos horas de Cancún y a tres horas y media de Mérida, donde se puede disfrutar de un ambiente típico y tranquilo.

Uno de sus principales atractivos es que de enero a septiembre llegan a esta región más de 20 mil flamencos rosados para reproducirse.

El santuario natural también es hogar de la Tortuga Marina la cual visita el área entre junio y agosto, y de más de 250 diferentes especies de aves.

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Y es que dentro de la Reserva hay bosque tropical y palmas reales, plantaciones de coco y majestuosos árboles de la Ceiba.

De hecho, grupos expertos han señalado que este paisaje es similar al que pudo haber existido en el pleistoceno cuando los dinosaurios gobernaban el mundo.

Encanto de la península de Yucatán

La mayoría de las casas de madera, construidas hace más de 40 años, permanecen sin mayor cambio.

No hay grandes hoteles para el turismo de masa, tampoco complejos habitacionales, lo que es ideal para desconectarse del mundo.

En cuanto a restaurantes, la oferta es de unos 15 establecimientos en donde se puede consumir desde café orgánico, hasta comida típica.

Además de descansar y comer delicioso, se puede hacer una de las actividades más demandadas en El Cuyo: kitesurf, paddle board o kayak.

También es posible dar un paseo por la costa, incluso, pescar la cena y prepararla en alguno de los establecimientos del lugar.

Pero, el paraíso tiene algunos límites. En el Cuyo no hay cajeros automáticos ni bancos y la mayoría de los establecimientos solo reciben efectivo.

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