Kantunilkin.- Artesanos convierten algo inservible en auténticas obras de arte utilizando enredaderas, más conocido como bejuco, hasta pedazos de madera que recolectan en los montes para crear diversas figuras pero el principal problema que atraviesan es la comercialización de sus productos.

Carlos Choc Chan aprendió este oficio por la falta de empleo, se capacitó en el estado de Chiapas y, ahora, aprovecha todo lo que la madre naturaleza provee para elaborar auténticas obras de arte con lo cual ha logrado mantener a su familia.

Su taller lo tiene en su casa, a un costado de la carretera Cancún-Valladolid, en donde monta una pequeña exposición de todas sus artesanías; algunas tienen forma de aves como tecolotes, tucanes, cardenales, además de venados, tortugas, jaguares, jirafas.

También convierte la piedra en molcajetes y las enredaderas en candeleros entre otros que llaman la atención a cualquier conductor que esté de paso en la zona, con precios desde 50 a 500 pesos dependiendo del tamaño.

Señaló que debido a que las ventas son muy bajas, comercializa plantas de ornato y cítricos injertados.

“Si me dedico únicamente a la artesanía no podría mantener a mi familia por eso vendo flores y varias plantas aunque poco a poco se venden representa un ingreso adicional para el sustento de mi familia”, señaló el artesano mientras tejía el bejuco.