El Ku Klux Klan (KKK) es un movimiento originario de EE.UU. de ultraderecha, supremacista, racista, homofóbico y hasta donde sabemos, autores de atrocidades colectivas.

Por otro lado, el Frente Nacional por la Familia es, de igual forma, un movimiento originario de México, donde se defiende la vida, es decir pro vida, en contra del aborto y la homosexualidad… tal vez paralelamente parecidos, pero en su extrema, ciertamente diferentes.

Hace unos días, Regina Carrillo Valenzuela, quien era la coordinadora del Centro Cultural del Niño Yucateco (Cecuny), publicó una imagen en su red social Facebook, donde hacía alusión a la marcha llevada a cabo por el Frente Nacional, comparándolos con integrantes del KKK, razón suficiente para las autoridades del Estado decidieran cesar de sus actividades a Carrillo.

Al respecto, diferentes académicos y líderes de opinión se mostraron en contra de dicha decisión, alegando el derecho de opinión como bien constitucional, el cual no debe afectar las funciones laborales. Por otra parte, personas simpatizantes con el Frente Nacional por la Familia, entre otros, señalaron como acertada dicha decisión.

Una vez más, la paradoja de la tolerancia se ve reflejada. Objetivamente, Regina Carrillo Valenzuela, tiene todo el derecho de tener una opinión con respecto a cualquier movimiento, más aun, tiene el derecho legítimo de expresarlo sin que esto merme su trabajo; sin embargo, tiene la obligación moral y profesional de evitar confrontaciones entre grupos ideológicos.

Poniendo el caso en otra perspectiva podríamos entenderlo mejor: un servidor público que trabaja para Derechos Humanos, publica en sus redes sociales una publicación de odio hacia una raza en específico, lo cual podría costarle el puesto, sólo por la incongruencia entre su labor y su opinión.

Como decía Karl Popper: Por más más paradójico que sea, defender la tolerancia, exige no tolerar lo intolerante.

¿Qué piensas tú?