Si le preguntas a tus amigos y familiares cómo se sienten durante esta crisis causada por el COVID-19 es muy probable que responderán con frases o palabras similares a éstas:

  • “Agotado, abrumado y ansioso”
  • “Me siento temeroso y fatigado”
  • “Frustrado”
  • “La carga de trabajo que llevo es insostenible”

Muchas personas nos sentimos así ante la pandemia y sus repercusiones. Estas emociones negativas son tan contagiosas como el SARS-CoV2, y también son sumamente tóxicas.

El miedo y la incertidumbre alimentados por la crisis de COVID-19 están ejerciendo una presión extrema sobre nosotros. Además, las consecuencias de estas emociones incluyen mala toma de decisiones y agotamiento.

La fatiga, el miedo y el pánico socavan nuestra capacidad de pensar con claridad y creatividad, gestionar nuestras relaciones de manera efectiva, centrar la atención en las prioridades correctas y tomar decisiones inteligentes e informadas.

Entonces, ¿cómo podemos cuidarnos más y construir más resiliencia?

Una forma es ser más conscientes de los diferentes yo que influyen en nuestro comportamiento ante la amenaza y el peligro. Te explico:

  1. La parte más indefensa, vulnerable e infantil de nosotros es el yo abrumado.
  2. También tenemos un yo adulto que es más capaz. Al igual que un padre amoroso lo hace por un niño asustado, el yo adulto puede calmar y tranquilizar a nuestro yo abrumado.
  3. Desafortunadamente, cuando nos sentimos más amenazados, es nuestro yo de supervivencia el que se apresura en nuestra defensa de manera reactiva, impulsiva y, a menudo, contraproducente. En el modo de supervivencia, nuestra visión se reduce a la amenaza, que de inmediato activa nuestra atención, pero cuando se trata de resolver problemas complejos que tienen múltiples variables, necesitamos nuestros más altos recursos cognitivos.

Pero, ¿cómo podemos tener dominio de estos yo? El PRIMER PASO es estar más conscientes de lo que sentimos. Esto significa cultivar la capacidad de observar nuestras emociones, en lugar de que ellas nos manejen. Simplemente nombrar nuestros sentimientos nos da más distancia de ellos, especialmente cuando son intensamente negativos.

El SEGUNDO PASO es calmarse, independientemente de lo que esté sucediendo a nuestro alrededor. Una manera simple pero poderosa es usar la respiración. Al inhalar por la nariz contando hasta tres y exhalar por la boca contando hasta seis, con este ejercicio es posible limpiar el torrente sanguíneo de cortisol, la hormona del estrés que más nos afecta. El movimiento también es útil, por ejemplo: una ráfaga de saltos, o subir y bajar escaleras, es una forma rápida y confiable de descargar el estrés y calmar el cuerpo y la mente.

Una vez que te sientas más tranquilo y más capaz de reflexionar, es posible que entres en tu yo adulto.Cuando te asumes en esta parte fuerte y empática de ti mismo, podrás cuidar de tu yo abrumado.

Lo más importante de este ejercicio es distinguir entre las diferentes partes de ti, para que puedas invocar la fuerza de tu yo adulto en lugar de sentirte aturdido por tu yo de supervivencia.

Al volver a poner a cargo a nuestro yo adulto, es posible pasar de una experiencia envolvente de ansiedad y miedo a un lugar más tranquilo en el que podamos mantener y contener nuestro ser más vulnerable.

Al reaccionar impulsiva y defensivamente, a menudo empeoramos la situación, limitamos nuestras opciones y afectamos nuestras relaciones personales.

En lugar de hacer una catástrofe sobre la crisis de COVID-19, podemos aprovechar junto a nuestro yo adulto, eligiendo deliberadamente enfocarnos en lo que tiene el poder de influir y en tomar las mejores decisiones.

 No lo olvides #QuédateEnCasa

 

Fuente: “Coping with Fatigue, Fear, and Panic During a Crisis”, Harvard Business Review.