Claudia nunca imaginó que al impartir clases en el Centro de Estudios Superiores Navales (Cesnav), todo se convertiría en el capítulo más amargo de su vida y descubriría que una violación, el acoso y las amenazas, se ejecutan fácilmente con impunidad.

La vida de Claudia

Claudia tenía 36 años cuando ocurrieron los hechos, se sentía plena realizando lo que más amaba; rescataba animales e impartía clases de inglés y danza en centros comunitarios de la Ciudad de México, todo lo combinaba con el trabajo que realizaba en la Cesnav. Era una docente contratada trimestralmente por honorarios.

El inicio del tormento: un grupo en WhatsApp

En mayo de 2018, las autoridades educativas ordenaron a los profesores crear grupos en WhatsApp para tener una mejor y constante comunicación con los alumnos.

Esa fue una luz verde, para el presunto agresor, Aarón Iván, estudiante de tercer semestre e hijo del jefe de Idiomas del Centro, Melesio Cabrera Vaca.

El estudiante envió al grupo una fotografía de ella, donde estaba de espaldas e impartiendo clases, junto a la fotografía la leyenda: “Le mandé un inbox y está súper loca” e insinuó que habían tenido relaciones sexuales.

Y en efecto, en su cuenta de Facebook, Claudia tenía un mensaje de Aarón donde le decía que quería tener relaciones sexuales con ella a cambio de ayudarla a ascender. Desde ese momento, ella le pidió que se detuviera con ese tipo de acciones, que la dejara en paz y optó por denunciar a su alumno ante las autoridades de la propia Cesnav.

El abandono de las autoridades

Cuando el presunto agresor se enteró de que Claudia lo había denunciado, le envió diversos audios en donde le decía que estaba loca y que no hiciera más grande las cosas.

“Ya, punto. Para mí nunca ha pasado nada y sigo siendo tu alumno y sigo yendo a clases normal, si tú quieres hacer algo adelante, es tu decisión; ya dije es todo lo que tengo que decir…”, se escucha al cabo decir en un audio.

Desde ese momento Claudia fue abandonada por las autoridades y quedó indefensa.

Los hechos

Claudia afirma que en todo momento rechazó al alumno y entregó al entonces titular de la Semar, Francisco Soberón, con copia al también entonces contralor José Rafael Ojeda Durán una relatoría donde exponía los hechos y le negaron el derecho a recibir un formato “C”, que se utiliza para seguir la continuación de las denuncias.

El 8 de junio de 2018, cerca de las 4:00 am, el agresor se presentó en su casa con el “propósito” de aclarar los hechos. Todo fue una mentira. Entró a su casa a la fuerza, forcejearon, la golpeo, la violó y la amenazó con matarla si decía algo.

Después de lo ocurrido, Claudia se escapó, encontró una patrulla y los llevaron a una agencia del Ministerio Público y al haber médico legista, los remitieron a la Fiscalía de Delitos Sexuales; su agresor advirtió que era militar y tenía influencias por lo que fue dejado en libertad.

Ese mismo día, ella acudió al Hospital Naval de la Secretaría de Marina, donde a un principio se negaron a atenderla porque no contaban con un médico legista que la valorara. Al final, al ver la condición en la que se encontraba la atendieron y le diagnosticaron agresión sexual, mordidas en los labios, golpes en las piernas y agresión psicológica.

El 2 de julio se abrió el oficio 1627/18, en el Departamento de Urgencia de Hospital Naval, donde Claudia permaneció hospitalizada por una semana.

Cuando finalmente fue dada de alta, fue a interponer una denuncia ante la Unidad de Derechos Humanos de la Semar, donde fue abandonada. Le dijeron que por ser un acto cometido en vía pública no podían atender el caso y le pidieron acudiera nuevamente al Ministerio Público. Lo hizo, la Fiscalía Especializada en Delitos Sexuales inició la carpeta de investigación por abuso sexual, con número de expediente CI-FDS-2/UI-FDS-2-02/00395/06-2018.

También presentó la denuncia en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), otra ante la Fiscalía General de Justicia Militar y finalmente levantó una última denuncia en la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia Contra las Mujeres y Trata de Personas (Fevimtra).

En diciembre de 2018, el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación (Segob), Alejandro Encinas, envió una carta al Almirante Secretario, José Rafael Ojeda Durán, quién tenía días de tomar el cargo y le pidió que se atendiera del caso en calidad de urgente.

Convivir con el agresor

El cabo fue dado de baja del curso por haber faltado cinco veces sin justificación, pero a ella le entregaron un documento que indicaba la baja como resultado del acoso que ejerció sobre ella.

Enviaron comisionado al presunto agresor a Sonora y finalmente regresó, justo cuando Claudia volvía a su centro de trabajo.

Las cosas no pararon, Aarón Iván la siguió acosando. Se acercaba a su salón de clases, la observaba, fingía tomarle fotos y le enviaba mensajes por redes sociales. Ante esto, un teniente del Ministerio Público Militar ordenó al cabo no acercarse a ella. Las ignoró y nuevamente la amenazó con “otro revolcón”.

Después de esto, decidió pedir a la Semar protección, pero se le fue negada y al final del ciclo escolar no la volvieron a contratar.

Caso cerrado

Un mes antes de que José Rafael Ojeda Durán tomará el cargo como titular de la Semar, le dijo a Claudia que los directivos a quienes ella había denunciado nunca quebrantaron la disciplina naval, esto se encuentra asentado en el oficio D/:2271/SG.DQP.499/2018.

Además, señaló que el delito de violación no le correspondía a la Semar; como el presunto agresor no estaba ejerciendo funciones la denuncia debía realizarse ante el Ministerio Público.

El 21 de ciciembre del mismo año, Claudia se reunió con personal de la Semar y la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), donde se acordó la reparación del daño, una disculpa pública y su recontratación, pero hasta el día de hoy nada de eso se ha llevado realizado.

El 28 de enero de 2019, después de tantos intentos de pedir justicia, la madre de Claudia encaró públicamente a Ojeda Durán, para exigir que se investigara el caso de su hija y entre llantos pidió investigar el caso.

“Yo le suplico justicia, ¿quiere que se lo suplique de rodillas? Lo haré, por favor.”, se escucha a la madre decir.

En enero, 17 días después, Ojeda, Claudia y su madre tuvieron una reunión, donde el almirante le dijo que ya no quería saber de ella y le reclamó por poner el nombre de la Marina de boca en boca.

La culpa es de la víctima

A pesar de que la Secretaría de Marina reconoció que Iván incurrió en la falta de disciplina y norma al Pronunciamiento de Cero Tolerancia al Hostigamiento Sexual y Acoso Sexual, como se muestra en el expediente 3569DIG231/18, de la Unidad de Promoción y Protección de los Derechos Humanos, nada se hizo al respecto.

Claudia levantó una denuncia ante la Procuraduría General de la Justicia de la Ciudad de México (PGJCDMX), en la que solo se lograron dos audiencias y el juez Joel de Jesús Garduño desestimó el caso.

Las autoridades decidieron tomar el caso como un “involucramiento amoroso”, para poder defender al cabo que el día de hoy se encuentra libre y ejerciendo sus funciones en la Semar, en Cozumel. 

¿Hasta cuándo más impunidad?