Hace unos días, el actual ganador a la presidencia de México, Andrés Manuel López Obrador, redactó una carta con destino a la Casa Blanca, en Washington D.C., dicho escrito contenía temas de relevancia social: inmigración, desarrollo, comercio y seguridad; léase entre líneas TLCAN ante la palabra comercio.

Una vez enviada, la respuesta no se hizo esperar mucho tiempo; el marco: la exhibición de Productos Hechos en Estados Unidos, donde el mandatario Donald Trump bañó el micrófono durante algunos minutos con respecto a la carta.

“El nuevo presidente es una persona estupenda. Hizo un gran trabajo, consiguió una tremenda votación. Confían mucho en él allí en México y eso es bueno. Pero estamos hablando con ellos sobre hacer algo muy dramático y positivo para ambos países“-

Pero no fue todo miel sobre hojuelas, ya que en relación a la misma exhibición en la que se presentó la declaración, el Presidente de EE.UU. declaró que la gente en Washington, no ha hecho bien su labor, al dejar que se pierdan empleos y brindarlos a gente de tierras lejanas, en realidad “se trata de un comercio tonto, más no libre”. Y es justo esta necedad de poca visión la que frena las constantes negociaciones entre Estados Unidos, Canadá y México. El fenómeno socio – laboral que vive actualmente nuestro país vecino del norte, no debe repercutir en los acuerdos comerciales de gran envergadura, por el contrario, deben ser resueltos paredes adentro, evitando una repartición de culpas a nivel internacional.

Por último, y casi de forma consoladora, recuperó: “pero con México vamos a encontrar una solución”.