Proteger la capa de ozono hace 34 años ha evitado que las cosas se pongan tan mal hoy en día, sugiere un nuevo estudio de nature.

Se trata de un raro momento de acción colectiva en el que el mundo se unió para hacer lo correcto por el planeta: el Protocolo de Montreal.

Firmado en 1987, el Protocolo de Montreal es más conocido como el acuerdo que consiguió que se dejaran de usar productos químicos que agotan la capa de ozono, el escudo delgado que mantiene fuera los rayos ultravioleta más dañinos.

Pero además de evitar quizás millones de muertes excesivas por cáncer de piel, el protocolo ha ayudado a combatir el cambio climático al mantener bajo control el calentamiento global.

Amenazas e importancia de la capa de ozono

Los principales culpables de dañar la capa de ozono del planeta, los clorofluorocarbonos (CFC), también son potentes gases de efecto invernadero. 

A partir de la década de 1960, los CFC se generalizaron en la refrigeración y el aire acondicionado.

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Sin el Protocolo de Montreal para deshacerse de estos gases, la radiación ultravioleta intensificada habría dañado las plantas y reducido su capacidad para absorber dióxido de carbono hasta en 690 mil millones de toneladas métricas para fines de este siglo, según el análisis.

En el escenario más sombrío, eso significaría un calentamiento adicional de 1 grado Celsius.

La luz solar es la piedra angular de la vida, pero demasiada radiación es peligrosa para la vida en la Tierra. 

La sobreexposición puede causar problemas de salud en los seres humanos, desde quemaduras solares hasta afecciones más graves como cataratas y diferentes tipos de cáncer.

Las plantas que están expuestas continuamente a la luz solar pueden marchitarse y morir. El ciclo del carbono se vería muy diferente en tal situación: las plantas que sufren daños por la radiación ultravioleta serían mucho menos efectivas para esconder el carbono.

No es un “agujero” tal cual

El ozono se encuentra en la estratosfera, a 15-35 kilómetros sobre la superficie de la Tierra. Es una molécula de gas muy inestable formada por tres átomos de oxígeno.

Con la radiación del sol actuando sobre ellos, los CFC se descomponen en compuestos que contienen cloro. Este cloro se une a los átomos de oxígeno del ozono y lo destruye.

El agujero de ozono no es realmente un agujero; se refiere a zonas de la atmósfera donde la concentración de ozono es baja. Esto permite que pase demasiada radiación ultravioleta dañina que de otro modo se reflejaría en el espacio.

Lo que los científicos no habían podido captar completamente hasta ahora eran los beneficios colaterales del exitoso Protocolo de Montreal. Así que modelaron lo que habría sucedido con las concentraciones de ozono si no existiera dicho acuerdo.

En el peor de los casos, la capa de ozono se habría derrumbado en 2040.

Desgaste de la capa de ozono

El peligroso adelgazamiento de la capa, especialmente sobre la Antártida, donde las condiciones climáticas también favorecen la destrucción del ozono, desató la alarma a mediados de los años ochenta.

El  agujero cambia  de tamaño a lo largo del año y es más ancho en agosto y septiembre.

En 1984, especialistas en climatología descubrieron que la capa de ozono sobre la Antártida se había adelgazado a dos tercios de su espesor. Esto fue impactante pero no del todo inesperado.

Equipos científicos habían estado advirtiendo sobre los peligros de los CFC artificiales durante más de una década antes de que los países se unieran para firmar el Protocolo de Montreal en 1987.

El  protocolo es para frenar el debilitamiento de la capa de ozono, lo que los ambientalistas esperan que se logre con el Acuerdo de París para el cambio climático. Todos los estados miembros de la ONU ratificaron el protocolo, acordando metas vinculantes, con plazos concretos y cuantificables.

Limitó el uso de casi 100 productos químicos sintéticos que podrían destruir el ozono atmosférico, prohibiendo algunos y requiriendo la eliminación gradual de otros. Y parece estar funcionando.

Tres décadas después de que el protocolo entrara en vigor en 1989, el escudo de ozono está en camino de recuperarse. Algunas estimaciones sugieren que podría volver a los niveles anteriores a 1980  ya en 2060.

En conclusión, podemos decir que la experiencia con el Protocolo de Montreal muestra que las cosas aún pueden cambiar después de 2050.

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