El grito de justicia por los feminicidios y la desaparición de mujeres en el estado de Quintana Roo quiso ser silenciado a través del uso de la fuerza pública, cuyos elementos dispararon contra la ciudadanía y medios de comunicación.

“Ahora si pinch…viejas, se las va cargar la ver…” fueron las palabras que expresaron los policías antes de cortar cartucho, quienes provenientes de las orillas del Palacio Municipal avanzaron contra los manifestantes realizando disparos al aire.

Policías disparan contra manifestantes que pedían justicia

La plaza estaba ocupada en su mayoría por mujeres jóvenes, madres con niños que exigían a las autoridades parar la ola de inseguridad, sin imaginar que la respuesta vendría a través de las armas, escuadras nueve milímetros y metralletas que fueron apuntadas hacia una población desarmada.

El instituto natural se apoderó de la mayoría. Cientos comenzaron a correr hacia las avenidas y calles aledañas sin contar con que los elementos de seguridad iban tras de ellos, iban tras quienes sólo pedían justicia.

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Quiénes optaron por tirarse al piso no tuvieron un mejor trato; fueron insultados y golpeados por los policías que debían protegerlos durante la marcha.

Entre sollozos pedían que se detuvieran, preguntaban por sus familiares y cuestionaban si era el trato que se merecían por unas cuantas pintas y vidrios rotos.

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Medios de comunicación también fueron agredidos

La prensa tampoco se salvó. Mezclados entre la multitud, los reporteros y fotógrafos corrieron con la misma suerte, el saldo fue de tres heridos de bala y dos golpeados.

“Estaban en el lugar equivocado”,  “pasó por estarlos provocando”, fueron las excusas que se oyeron tras los disturbios que cesaron tan súbitamente como iniciaron.

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Dentro del palacio se levantaron los primeros reportes por parte de los observadores de Derechos Humanos – que dicho sea de paso, también fueron amedrentados- quienes intervinieron para liberar a algunas de las víctimas que tenían recluidas los elementos y que no pudieron recibir las atenciones médicas necesarias por los golpes recibidos.

Tras varias horas, la lluvia logró lo que el gobierno no hizo, dispersar a los manifestantes que quedaban de la plaza de la Reforma. En cuestión de minutos todo volvió a la “tranquilidad”, esa que caracteriza al Caribe Mexicano, aquel que para muchos se ha transformado en un paraíso, pero para los feminicidios y la inmunidad.

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