En los últimos años hemos estado leyendo un sinfín de noticas que nos alertan sobre los grandes niveles de contaminación que ha alcanzado el aire que diariamente respiramos y que causa grave daño a la salud. Si bien no sólo los seres humanos son los que sufren las consecuencias, sí son de quienes más se habla… y se deja en el olvido a los más vulnerables, los seres más indefensos y a quienes debemos nuestra existencia.

Las abejas son insectos amados y odiados que hoy están en peligro. Los pesticidas, los fertilizantes y todos los químicos que se utilizan en la agricultura han disminuido drásticamente sus colonias.

Además, sumémosle las personas que les tienen miedo y que muchas veces cuando se encuentran con una abeja cerca en lugar de alejarse las mata… ¿y qué hay de los ignorantes que osan de a apedrear, quemar o molestar los panales?

El smock bloquea el olor que atrae y guía a las abejas hacia las flores, así como daña su capacidad para recordar aromas. También en un reciente estudio se detectó que la contaminación del aire está afectando a la salud de estos insectos, las hace más lentas y menos productivas, lo que hace que su ciclo de vida sea más corto.

Las abejas que viven en áreas más contaminadas, cada vez se acercan menos a las flores, sus latidos cardíacos son irregulares y sus niveles sanguíneos son igualmente bajos.

Dejemos de lado los insecticidas, amemos a la naturaleza y respetemos que las abejas están en el mundo por una razón muy importante: la polinización.

¡Sin ellas podríamos extinguirnos!