Desde que el coronavirus llegó a todos los países y obligó a la población mundial a encerrarse para evitar la propagación del mismo, la fauna y flora han reclamado las calles y lugares vacíos.

Desde que inició el confinamiento, en Italia y España el jabalí se mudó a las calles. Los gansos están reclamando los aeropuertos. Las ratas urbanas se alimentan audazmente durante el día y duermen bajo los automóviles.

A principios de julio, oficiales de control de animales capturaron un león de montaña en el centro de San Francisco.

Esto representa un momento sin precedentes en la historia actual y una gran oportunidad para la ciencia.

Un grupo de investigadores argumenta que el bloque de COVID-19, lo que llaman la “antropausia”, es una oportunidad sin precedentes para estudiar cómo los humanos afectan al comportamiento animal.

El autor principal de la investigación y ecologista evolutivo de la Universidad de St. Andrews y la Universidad de Harvad, Christian Rutz, explica que “existe una increíble oportunidad de investigación, que ha surgido a través de circunstancias realmente trágicas”, ya que esto sirve “para encontrar más información sobre cómo los humanos y la vida silvestre interactúan en este planeta “.

La investigación fue publicada en Nature Ecology & Evolution y lleva como nombre “antropausia”, un nombre que acuñaron “para referirse específicamente a una considerable desaceleración global de las actividades humanas modernas, en particular los viajes”.

Si bien los investigadores pueden comparar el comportamiento de las especies en un área protegida versus un área no protegida vecina, o en un entorno urbano versus rural, no hubieran tenido la información valiosa que obtuvieron sin estas condiciones.

“El problema con todos estos enfoques es que generalmente se refieren a un puñado de sitios”, dice Rutz.

“Y lo que sucedió aquí en la antropausia es que tenemos esta desaceleración global de la actividad humana, lo que nos da estas réplicas realmente valiosas, donde podemos ver los efectos de la actividad humana en las regiones geográficas, los ecosistemas y, lo que es más importante, también entre las especies”, finaliza el investigador.

Invaden la ciudad

El ecologista Martin Wikelski del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal y de la Universidad de Konstanz, coautor del artículo, explica que los animales deberían de estar en el bosque y de alguna manera ingresan a las ciudades nuevamente, lo que significa que “este es un cambio en la cultura, no es un cambio genético”.

Es decir, que este no es el caso de una especie que se aclimata gradualmente a la vida de la ciudad. Esto puede indicar que estos animales han encontrado nuevas fuentes de alimentos que les da más energía para buscar pareja.

Si este comportamiento les ayuda a producir más descendencia, la genética que codifica para el desplume urbano también se transmitirá. Lo que se traduce a que, generación tras generación, una especie se adaptaría a la vida de la ciudad.

Domesticación 

Es el mismo principio detrás de la domesticación de los perros: una teoría dice que los lobos visitaron los campamentos humanos en busca de alimento, y con el tiempo se volvieron lo suficientemente mansos como para jugar con los humanos en lugar de mordernos la cara.

Monitoreo del comportamiento

Gracias a equipos de monitoreo cada más sofisticados, los científicos pueden observar cambios de comportamiento tan rápidos y dramáticos en los animales.

Los collares de seguimiento, mapean el movimiento del animales, pero algunos vienen equipados con unidades de medición de inercia o IMU, los mismos sensores que permiten cambiar el teléfono para controlar un juego.

Esto permite a los investigadores determinar si un animal salvaje se ha acelerado repentinamente, lo que indica que podría haberse sobresaltado.

Un dispositivo de monitoreo aún más sofisticado podría detectar el ritmo cardíaco del animal o escuchar con un micrófono sus interacciones con sus compañeros.

“Es el Fitbit para animales”, dice Wikelski. “¿Están enfermos? ¿Están bien? ¿Están interactuando? ¿Qué tan rápido se están moviendo? ¿Se están levantando en el momento correcto, al mismo tiempo que antes? ¿Son activos de manera diferente durante la noche, durante el día?”.

Antropausia 

Durante la antropausia, los investigadores pueden cambiar estos datos que rastrean el comportamiento de los animales con datos que rastrean al humano, particularmente el tráfico, para mostrar si una especie podría estar explotando nuestra ausencia o realizando sus actividades habituales en la naturaleza.

Conforme la antropausia continúa y disminuye, los científicos pueden observar cómo se adapta una especie.

Animales temerosos

Durante décadas, los investigadores han estado tratando de resolver un acertijo: ¿les tenemos miedo a los animales o tienen miedo de nosotros?

El ecologista Matthias-Claudio Loretto, del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal y de la Universidad de Konstanz, explica que durante el confinamiento los humanos estaban ausentes en muchas áreas, permitiendo el acercamiento de los animales a las ciudades, lo que se traduce a que “obviamente, normalmente tienen miedo de los humanos”.

La antropausia está brindando a los científicos una oportunidad única para estudiar cómo los animales se mueven a través de entornos construidos.

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