La administración de Roberto Borge ha concluido, y con ello la -joya de la corona- muestra sus encantos. En concreto, el caso Aguakan, una concesión millonaria, que prometía servicio de agua potable competente e infraestructura pluvial efectiva.

A cambio de ello hoy, el Estado mantiene una deuda anual de 2 mil millones de pesos, mares contaminados, recibos de agua verdaderamente desmedidos y un contrato forzoso con vigencia a, nada más y nada menos, que de 30 años. ¿Por qué se volvió forzoso el contrato? sencillo, Aguakan tras observar su inevitable y fatídico destino, reforzó su relación jurídica con Gobierno del Estado, apelando a la contraprestación por concesión.

De esa manera, la empresa deposita ante un juzgado en la Ciudad de México su garantía para su supervivencia durante las siguientes 3 décadas. Por si fuera poco, el uso que se le ha dado a esta casa de beneficencia –borgista-, ha sido también para encabezar campañas políticas. Y peor aún, el mal manejo de aguas negras ha afectado nuestras costas.

Para entender mejor la situación, los numerales lo explican: 35% mensual de las 330 mil cuentas cautivas (sólo por concepto de drenaje); a finales de 2014 sólo pago la mitad de su ingreso de un año; será hasta 2053 que el contrato venza, para lo cual habrá dejado mil millones de pesos en ganancias anuales a dicha empresa; 30% del agua en Playa del Carmen se encuentra hoy contaminada; 2 mil quejas ciudadanas tocan la puerta en Palacio de Gobierno y el que pareciera la mente gemela de Javier Duarte, se encuentra en proceso de extradición desde Panamá… eso sí, ejerciendo una estricta huelga de hambre, debido a lo que su abogado define como: tortura psicológica por negligencia médica.